Los jihadistas de ISIS no son medievales – han cogido forma de la filosofía occidental.

Debemos mirar a la Revolución Francesa si queremos entender el origen de la ideología y la violencia del Estado Islámico.

Desde hace unas semanas se han escuchado insinuaciones de que el Estado Islámico y sus ideologías son una especie de retroceso a un pasado lejano. Frecuentemente formulado en un lenguaje como el que utilizó la semana pasada el vice primer ministro británico, Nick Clegg, que dijo que ISIS era “medieval”. Aunque de hecho, el ideal del grupo terrorista se asemeja más a la tradición occidental moderna.

La intervención de Clegg no nos sorprende. Dada la extrema violencia llevada a cabo por los miembros de ISIS y las imágenes frecuentes de cuerpos decapitados es comprensible que intentemos darle sentido a estas fechorías denominándolos radicalmente de “otros”.

Sin embargo, esto no nos ayuda a comprender lo que está en juego. Especialmente tiende a que se acepte una de las afirmaciones esenciales del jihadismo contemporáneo, es decir, que se extiende hasta el origen del Islam. Como suele decir un defensor de Isis que sigo en twitter: “El mundo cambia, Islam no”.

Esto no es solo una cuestión de debate académico. Tiene grandes consecuencias. Una de las cosas que atrae a los jóvenes a la ideología jihadista es que cambia el poder generacional en sus comunidades. Los jihadistas, y en general los islamistas, se presentan como fieles a su religión, mientras que, según ellos, sus padres están inmersos en tradición o “cultura”.

Tiene que ser dicho claramente: el jihadismo contemporáneo no es un regreso al pasado. Es una ideología moderna, anti-tradicional, con una deuda patente a la historia de la política y la cultura occidental.

Cuando Abu Bakr al-Baghdadi dio su discurso en julio en la Gran Mezquita declarando la creación de un estado islámico, autoproclamándose él mismo califa, citó con extensión al pensador indio/pakistano Abul A’la Maududi, el fundador del partido Jamaat-e-Islami en 1941, y creador del término actual de estado Islámico.

El estado islámico de Maududi está organizado bajo ideas y conceptos occidentales. Toma unas creencias compartidas entre el Islam y otras tradiciones religiosas, es decir, que Dios es el Único y el Último juez de las personas, y transforma esto cambiando la posesión de juzgar de Dios a la posesión de, y fundamentalmente monopolio de “soberanía”. Madudi también trata sobre el entendimiento de la naturaleza, gobernada por leyes que son expresiones del poder de Dios – ideas en el corazón de la revolución científica en el siglo 17. Combina esto en una visión de la soberanía de Dios, y más tarde define esta soberanía en término políticos, afirmando que “Solo Dios es soberano” (La forma de vida Islámica). En consecuencia, el estado y lo divino se fusionan, haciendo que Dios se convierte en política, y la política se vuelve sagrada.

Esta soberanía con un mundo fragmentado y diferentes fuentes de poder no existe en la cultura medieval. Su origen yace más bien en el sistema de soberanía nacional de los estados y la revolución científica moderna.

Sin embargo, la deuda de Maududi con la historia política europea se extiende más allá de su entendimiento de soberanía. En el centro de sus ideas se encuentra su entendimiento de la Revolución Francesa, la que él consideraba que prometía un “estado basado en un conjunto de principios”, opuesto a uno basado en una nación o un pueblo. Para Maududi este potencial marchitaría en Francia, su éxito debería esperar a un estado islámico.

En la Francia revolucionaria, es el estado quien crea a los ciudadanos y no se debería permitir que nada se antepusiese entre el ciudadano y el estado. Es por ello, que aún hoy en día se prohíbe que los organismos del gobierno recopilen datos sobre etnicidad, considerado una posible comunidad intermediaria entre el estado y el ciudadano.

Este ciudadano universal, separado de la comunidad, nación o historia, yace en el corazón de la visión de “ciudadano en el islam” de Madudi. Tal y como el estado revolucionario francés creó a sus ciudadanos, siendo impensable que el ciudadano estuviera fuera del estado, del mismo modo crea el estado islámico a sus ciudadanos. Esto está en las bases incoherentes de los argumentos de Maududi de que uno solo puede ser Musulmán en un estado Islámico.

No miréis al Corán para entender esto – mirad a la revolución francesa y en última estancia a la secularización de una idea cuyos orígenes se remontan al cristianismo europeo: extra ecllesiam nulla salus (fuera de la iglesia no hay salvación), una idea que con el nacimiento de los estados europeos modernos se transformó a extra stato nulla persona (fuera del estado no hay ´ser persona´ legal). Esta idea a día de hoy sigue teniendo una gran importancia: es el origen de lo que significa ser un refugiado.

El estado de ISIS es totalmente moderno, al igual que su violencia. Los combatientes no matan simplemente; buscan la humillación, como se vio la semana pasada cuando arreaban hasta morir a reservistas sirios que únicamente llevaban ropa interior. Buscan la deshonra de los cuerpos de las víctimas, por ejemplo manipulándolos tras la muerte.

El objetivo de estas manipulaciones es destrozar los cuerpos como una peculiaridad. El cuerpo pasa a ser la manifestación de una colectividad que debe ser eliminada, la manipulación hace que lo que fue un cuerpo humano pase a ser “un extraño detestable”. Estas prácticas son cada vez más evidentes en las guerras de hoy en día.

En el centro del programa de ISIS esta su proclamada herencia musulmana – como muestra la vestimenta de al-Baghdadi. Es necesario el entendimiento de las fuentes contemporáneas de su ideología y su violencia para poder oponerse a ella. De ningún modo puede ser entendido como una vuelta a los orígenes del islam. Esto es el corazón de la tesis de sus seguidores, a quien no se le debe dar ninguna credibilidad.

Kevin McDonald
theguardian.com

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