Los like de Facebook, Shaij Ahmed Bermejo

Los «like» de Facebook

Esta semana pasada he estado muy atento a las redes sociales, he estado mirando los comentarios de mis contactos, y de otros que no son contactos pero que me aparecen en el Facebook. Y leyendo muchos de ellos me ha entrado una gran tristeza y preocupación.

Me ha entrado tristeza y preocupación porque veo que, no en todos pero sí en muchos casos, estamos perdiendo el rumbo, estamos desorientados, estamos dejándonos llevar por el viento que hoy sopla en una dirección y mañana en otra, estamos cambiando puntos claves de nuestra creencia como musulmanes porque lo aceptado socialmente hoy en día, y lo que tú tienes que aceptar para ser un ciudadano ejemplar, es esto o lo otro.

Reflexionando sobre todo ello he ido al origen de la ciencia de la ‘aqidah, la ciencia de la creencia, como solemos traducirlo en castellano. Esta ciencia surge, o más que surgir se empieza a hablar y escribir sobre ella, cuando la situación entre los musulmanes está en decadencia; y lo cierto es que me recuerda mucho a nuestra situación de hoy en día.

Surge esta ciencia cuando el Islam puro e inocente entra en contacto con otras civilizaciones y otras creencias, con otros aspectos que los musulmanes de antes no se han tan siquiera planteado y que, por lo tanto, no dominan las herramientas ni el lenguaje para enfrentarse a esos nuevos retos.

Surge principalmente ─y esta es una de las grandes revoluciones del mundo islámico─ cuando entra en contacto con la filosofía griega, cuando entra en contacto con Platón y con la lógica aristotélica que tienen una fuerza tan importante, que los musulmanes no saben en principio cómo tratar con ello. Y ¿qué hacen entonces? Empiezan a interpretar el Corán y la Sunna bajo la luz de estos parámetros porque estos parámetros marcaban qué era lo bueno y qué era lo malo.

Es justo en ese momento cuando surge la figura del Imam de la ‘aqidah por excelencia, el gran Abul Hasan al Ash’ari, que dándose cuenta del peligro que eso suponía, y dándose cuenta de que se terminaría convirtiendo el Islam en algo que estaría siempre condicionado a los dictámenes del tiempo y la sociedad, veía que se interpretaría siempre el Corán y la Sunna según estos dictámenes. Abul Hasan pone freno a esto y lo hace volviendo al origen, es decir, volviendo al Corán y a la Sunna en sus estados más puros.

Uno de los grandes argumentos que emplea este noble Imam, al que debemos considerar como uno de los salvadores y héroes del Islam, es que el intelecto, la comprensión, la razón del ser humano no puede estar por encima de la Revelación; es decir que no puede estar por encima de lo establecido por Allah. Es necesario el intelecto para comprender, analizar y poner en práctica la revelación, por supuesto que sí lo es, es imprescindible, pero no nunca puede estar por encima. ¿Por qué? Porque el Corán, la Revelación es ma’sum (posee la infalibilidad) y el intelecto no lo es.

De esto me he estado acordando estos días cuando leía comentarios en las redes sociales de supuestos expertos, que hacen una interpretación de aleyas del Corán desconocida hasta ahora, una interpretación completamente nueva y muy diferente a las interpretaciones clásicas. Y todo ello con un único objetivo: adaptar el Islam a lo que está sucediendo.

Aquí surge una gran pregunta: ¿entonces el Islam no es adaptable, no es válido para todos los tiempos y todas las sociedades? Por supuesto que sí lo es y por supuesto que en el Islam hay ciertos aspectos que se pueden “adaptar”, pero lo que nunca se puede hacer, lo que jamás debemos tolerar, es convertir el Islam en una religión que vaya cambiando según sople el viento; especialmente, y esto es muy importante, cuando esos cambios van contra la naturaleza humana y están orquestados para acabar con la integridad del hombre y la mujer, y con la integridad, el valor, la posición y la importancia de la familia.

El hecho de que entre los musulmanes haya hoy en día gente que enarbola esa bandera de que el Islam lo acepta todo, y que todo es válido y bueno porque es lo valido y bueno que se acepta en la calle, y que para ello hagan sus interpretaciones del Corán, mejor dicho, de traducciones del Corán, y cojan hadices muy débiles, muy mal traducidos y los tomen como fundamento para sus juicios y dictámenes, es una realidad, es algo que está presente.

¿Por qué? Seguro que hay varias razones, pero a mí principalmente se me ocurren dos. La primera de ellas es la falta de conocimiento y de taqwa, que cuando no están presentes en una persona, hará que acabe guiándose por sus deseos y sus apetitos; tal y como dice Allah: ¿Y quién está más extraviado que aquel que sigue sus pasiones sin ninguna guía de Allah?”.

Y la segunda razón que se me ocurre es la que el Imam Abdul Wahid Ibn ‘Ashir, considera que es el origen de todos los males, de todas las enfermedades del corazón que hacen enfermar al individuo y contagian su enfermedad a las comunidades y las sociedades; y no es otra que el deseo de posición, de prestigio, de reconocimiento, de ser alguien, de que se te escuche, de que se den muchos “like” a tus publicaciones de Facebook, de que se te mencione. Y esto, creedme si os lo digo, es el peor de los males que pueden afectar al ser humano.

Todo esto de lo que estamos hablando, este remontarse al origen de la ciencia de la ‘aqidah, este cambiar el Islam por lo que la mayoría de la gente acepta, este poner al intelecto, la razón y el progreso que acepta y establece como “bueno” a lo que está por encima de la Revelación está ocurriendo hoy en día, lo vemos presente a nuestro alrededor. Entonces, y a fin de quedar bien con los demás, ¿vamos a decir que el Islam lo tolera y lo acepta? ¿Vamos a cambiar el Islam para que seamos vistos con buenos ojos? Lo que haga cada uno, y yo no soy quién ni nadie para juzgarlo, ─pero de ahí a decir que es algo permitido, válido y aceptado en el Islam, y para ello interpretar algunas aleyas del Corán de una forma asombrosamente extraña─ hay un trecho, un trecho muy grande, que le pido a Allah nos libre y nos proteja de transitar.

Shaij Ahmed Bermejo
www.ahmedbermejo.com