La diplomacia, por su propia naturaleza transitoria, acerca a personas a nuestras vidas para luego alejarlas conforme concluyen sus limitados mandatos. Este entorno suele generar un barniz estrictamente profesional que rara vez permite el florecimiento de una amistad profunda. Sin embargo, en el caso de Su Excelencia la Embajadora Claudia Boesch, esa distancia diplomática habitual resultó del todo ilusoria desde nuestro primer encuentro, dando paso a una relación de extraordinaria cercanía y confianza.
En diversas ocasiones a lo largo de su mandato hemos tenido el honor de constatar esa profunda afinidad; de manera muy especial durante una memorable cena en Mértola, donde todos los presentes en la mesa pudimos sentir la calidez de ese vínculo compartido.
Ahora, tras su nombramiento oficial como embajadora, deja Sevilla habiendo sembrado en nuestra ciudad su excelencia profesional y una enorme frescura en las relaciones humanas y diplomáticas. El pasado 10 de junio, con motivo del Día Nacional de Portugal, tuvimos el honor de transmitirle una vez más nuestro más sincero afecto, así como nuestros mejores deseos de éxito en su nuevo destino en el norte de Europa.
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